Sobre la privacidad y el dominio de lo público

El almacenamiento de nuestra información en la nube  resulta muy cómodo por las numerosas ventajas que supone el no depender de un dispositivo físico para acceder a lo que hayamos guardado. Cloud computing o computación en la nube es un término que se está haciendo cada día más común entre los internautas.

Gracias a distintos servidores se puede tener acceso a la información o servicio mediante una conexión a Internet desde cualquier dispositivo móvil o fijo ubicado en cualquier lugar.  La gratuidad de muchos de estos servicios supone también una gran ventaja, que puede llevarnos a pensar que no hay ningún inconveniente en el uso de este tipo de servicios de almacenamiento en la nube.

Sin embargo, no todo el campo es orégano en lo que a la nube se refiere. En todos los servicios de almacenamiento en red, como Google Drive, Dropbox o Skydrive, de Microsoft, el usuario mantiene los derechos sobre su material salvo en algunas ocasiones, que cede derechos de uso, modificación, reproducción y distribución del material sobre todo para ‘garantizar’ el funcionamiento del servicio.

Esta cesión de derechos se produce con la aceptación de las condiciones de uso de los servicios, algo que sucede con el mero hecho de darse de alta en los mismos. En España, la Ley de Propiedad Intelectual establece que para ceder derechos de autor ‘inter vivos’ es necesario el consentimiento escrito (artículos 43 y siguientes). Sin embargo, si somos sinceros… ¿Cuántos de nosotros hemos leido los terminos y condiciones de estos servicios? Me temo que muy pocos… y con un simple clic hemos aceptado unas condiciones en ocasiones draconianas por las cuales no eres dueño de nada de lo que alojes en la nube.

Si hablamos de redes sociales, las condiciones de privacidad son dignas de estudio. Cualquier cosa que publiques en una plataforma de red social, pasa a ser de dominio público, pese a que en determinadas redes, como facebook por ejemplo, es posible seleccionar la información que compartimos y sobre todo, con quién.   Sin embargo, los datos generales de nuestro perfil (nombre y apellidos, sexo y redes a las que pertenecemos) suelen ser accesibles a todo el público, a no ser que restrinjamos los criterios por los que otros usuarios pueden encontrarnos.

Este problema se ve agravado en el caso de los menores de edad, ya que la inexperiencia de la edad contrasta con el hecho de que el uso de redes sociales entre los adolescentes es generalizado. De esta forma se han dado casos que han saltado no solo a los medios de comunicación sino a las oficinas policiales.

En muchas ocasiones, damos más información de la que en realidad pensamos. Sin ir más lejos, un estudio publicado en la revista PNAS determinó que la utilización de los clásicos “Me gusta” podía asociarse  con elementos clave de nuestra personalidad así como con nuestros gustos en esta red social, lo que permitiría un “rastreo” bastante sencillo de nuestros datos privados, muy útiles para estudios de mercado, sin ir más lejos.

Por otra parte, Twitter es una red esencialmente pública, donde los tuits que compartimos suelen ser públicos para todos los usuarios (a no ser que utilicemos la opción de mantenerlos privados), por lo que es relativamente sencillo determinar los gustos de una persona y localizar información esencial de la misma.

El control y preocupación por la privacidad fueron objetivos primordiales en el lanzamiento de Google+, en la que siempre se selecciona con quién se desea compartir la información que publicamos, dependiendo de los círculos que tengamos entre nuestros contactos (Familia, Amigos, Conocidos, Seguidores).

Tuenti, por último con usuarios en su mayoría jóvenes, cuenta con un sistema muy eficaz de eliminación de fotografías, etiquetas o perfiles que puedan hacer peligrar nuestra información personal, siempre y cuando se lo notifiquemos a la red.  A través de un convenio con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y diversas colaboraciones con otras entidades, Tuenti busca concienciar a sus usuarios de la utilización responsable de la red y a su vez ser garante de su privacidad.

No obstante, y pese a que la privacidad en los lugares públicos como una red social o la nube pueda estar en entredicho, una servidora humildemente mantiene que el sentido común puede librarnos de muchos disgustos. Así pues, si algo es estrictamente privado, no deberíamos publicarlo en ninguna red social para evitar problemas futuros.

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3 pensamientos en “Sobre la privacidad y el dominio de lo público

  1. Muy buena reflexión. La verdad, casa mal aquello de la privacidad y el dominio público de las redes sociales. Quizás lo que tengamos que cambiar es nuestro concepto de la privacidad. De todos modos, las redes sociales también te ofrecen un modo estupendo de proteger tu intimidad. Se trata de inventarte tantos heterónimos como desees, o lo que es lo mismo, desplegar toda una gama de personalidades diferentes y contradictorias que realmente no sean la tuya…

  2. Mucho sobre lo que pensar, mucho sobre lo que debatir…mucho dinero en juego. Y Amazon? La compañía de Jeff Bezos (como diría un andaluzz) no sólo vende libros y todo objeto que se tercie, sino que se ha convertido en uno de los mayores suministradores de espacio virtual en la nube. Curioso.

  3. Pingback: Haciendo el camino viejo para aprender el nuevo | Breaking Social

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